Revivo este viaje a través del trabajo retratado, y me sorprendo, al descubrir como la vivencia física y mental que supone viajar y romper los esquemas culturales, para adaptarse a nuevas formas de hacer y entender, condicionó mi forma de relacionarme obviando elementos vitales que solo después de los años he podido valorar.

A través de este reencuentro fotográfico he podido disfrutar nuevamente de Sri Lanka, comprendiendo la sensibilidad de sus habitantes para combinar y relacionarse con su entorno a través del color. En un país en donde la educación y la práctica artística no están especialmente valoradas, su población muestra una sensibilidad innata hacia el color, generando desde lo inconsciente una relación vibrante con el medio y llena de energía entre ellos.

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